Horarios: Lunes a domingo de 11:00 a 20:00 horas. - Dirección: Rosario Norte 660, Las Condes, Metro Manquehue.
ES / EN / POR
Home  Prensa  El tío Vania y las almas perdidas

El tío Vania y las almas perdidas


Tres años sin escribir se habían vuelto un martirio, pero cada vez que intentaba avanzar en algún texto o rematar otro, volvía a tropezar con el amargo recuerdo del fracaso. Hacia fines de octubre de 1896, a pocas semanas del estrepitoso estreno de La gaviota en San Petersburgo, el médico y dramaturgo ruso Antón Chéjov (1860-1904) le envió una carta a su amigo y editor, el periodista Aleksei Suvorin, en la que puso en palabras la frustración que lo afiebraba: “Jamás olvidaré la noche de ayer… Nunca más volveré a escribir una obra de teatro”.

El 22 de junio de 1897, sin embargo, Chéjov conoció al afamado director y compatriota suyo Konstantin Stanislavski, quien acababa de volver a Rusia. Dos años después, él mismo estrenó una nueva versión de La gaviota junto a su compañía Teatro del Arte de Moscú, pero esta vez no llovieron las pifias ni hubo actrices pasmadas sobre el escenario ni un dramaturgo escondido tras bambalinas, implorando que lo tragara la tierra. Chéjov nunca comprendió si fue el cambio de escenografía o de elenco, pero su obra, antes despreciada por el público, ahora lo deleitaba. Así, la amistad y alianza entre ambos, con exitosos montajes de Las tres hermanas y El jardín de cerezos, y que perduró hasta la temprana muerte de Chéjov en 1904 y a los 44 años, víctima de tuberculosis, acabaría por inmortalizarlo en vida y por robustecer aún más la figura de Stanislavski, quien lo había convencido de retomar la escritura.

 

Ver nota completa

Share on FacebookTweet about this on Twitter
tio.vania1

Recibe nuestra cartelera

Ingrese su email